Los gusanos del papel habían hecho lo suyo, los bordes de las páginas estaban agujereadas, además, el papel se había vuelto amarillento y estaba desgatado, el texto se había borrado ligeramente en varias de las hojas, los trazos de lápiz se habían vuelto casi ininteligibles, incluso, algunas de las hojas se despegaron y cayeron al suelo.
Eché un vistazo por la ventana hacia dentro de la casa
para asegurarme que nadie me veía, tome las hojas que cayeron y me senté bajo
el camoruco del jardín trasero para intentar leer las palabras que aún estaban
visibles, al sentarme en el banco de cemento note que estaba mojado y mientras
trataba de limpiar la bermuda me distraje y no advertí como Brandon venia en mi
dirección dando grandes zancadas y con una expresión furiosa. Estaba de
espaldas y solo sentí su presencia cuando me dio un fuerte golpe en la parte
superior de la cabeza con la palma de su mano.
—¡Auch! ¿Eso era necesario? —dije sobándome la cabeza,
el arranco el cuaderno de mis manos, subí al banco para superar su altura y
trate de volver a conseguirlo, pero con su mano libre me alejo del diario.
—Te dije que mantuvieras tus pegajosas manos lejos de
mis cosas —dijo apuntándome con el dedo índice y clavándolo en mi pecho.
—¡Eso no te pertenece! ¡Es de mamá! —dije saltando del
banco cuando empezó a caminar de vuelta a la casa —¡Quizás allí haya una pista!
—¡No hay pistas! —dijo gritando, y girándose, me
ganaba una cabeza de altura, no por mucho probablemente, todavía me quedaba
tiempo para crecer y alcanzarlo —, Ella se fue, se fue y no volverá —dijo
apretando los dientes, ahora me apuntaba con el cuaderno —Deja de buscarla —,
dijo esas tres palabras con lentitud y mucha firmeza.
Quise arrancarle el diario de las manos nuevamente, al
tirar de él me caí hacia atrás y el cuaderno salió volando, me levanté lo más
rápido que pude y ambos corrimos a intentar tomarlo, se me adelantó y para
evitar que lo tomara salté sobre su espalda haciéndolo caer, gatee por el suelo
hasta el cuaderno, el abultado cuero que lo recubría se había separado de la
cubierta de cartón y un pedazo de tela de terciopelo se dejó ver, trate de halarla,
pero Brandon me apartó jalándome el cabello.
—No seas chismoso —dijo agarrando el cuaderno ya
desarmado.
Con fuerza, pateé el diario de sus manos, páginas
volaron en distintas direcciones, el diario se separó por completo, la tela de
terciopelo resulto ser un pequeño estuche muy fino, lo tomé del suelo
aprovechando la confusión de mi hermano, la tela me hizo cosquillas en las
manos, sentía el corazón desbocado por alguna razón, separé el broche metálico
y dejé caer el contenido sobre el césped.
Era una llave, antigua y pequeña, más pequeña que una
llave normal, era alargada y terminaba en un conjunto de círculos que en el
medio tenían una R mayúscula grabada. Era la R, de Rosalinda, estaba seguro. Mi
hermano se había detenido en seco, sostenía una tapa de cartón que había
servido como caratula debajo del cuero, la observó un momento y luego sin
aliento subió la vista hasta la llave que ahora tenía entre las temblorosas
manos, me miro, incrédulo, intento tomarla, pero la aparte con rapidez.
—Déjame verla —dijo muy bajito, mirando alrededor, con
miedo de que alguien nos viera o escuchara.
Dudoso, se la tendí, cerró la palma sobre ella, vi
como su labio inferior temblaba mientras le daba vueltas. Escuchamos el sonido
del cerrojo y alzamos la vista asustados.
—Volvió —dije con un hilo de voz, se me revolvió el
estómago.
—Ni una palabra sobre esto —dijo Brandon guardando la
llave en su bolsillo con rapidez —Recoge todo esto, los distraeré un poco —dijo
antes de irse dentro.
Recogí las hojas lo más rápido que pude, traté de
controlar mi pánico, tomé la caratula que mi hermano había tenido antes entre
las manos, casi me quedo sin aire al ver lo que estaba garabateado, de forma
desordenada y apurada, escrito en carboncillo, pero en la reconocible letra de
mamá, decía “Encuéntrame”.
Doriany
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