El respirar dolía. Me había lanzado contra la pared como si fuera tan liviana como una pluma. Estaba un poco sorprendida. A primera vista parecía un gran muchacho y lo fue los primeros meses, atento, amoroso, muy interesado en conocerme y escucharme. Nuestra primera cita fue de ensueño, fuimos a cenar a un restaurante a la orilla del mar y terminamos mojándonos los pies en el agua. Allí, bajo la luna llena, su perfil era espectacular, su sonrisa se magnificaba y sus ojos, azules como el mismo cielo, me miraban directo al alma. Pero imaginar que esos hermosos ojos azules ahora me miraban convertido en un pulpo de dos metros. Sí, se como suena. Pero es la vista que tengo frente a mí en este momento. Ocho largos tentáculos habían nacido de su espalda y levantaban su cuerpo varios centímetros del suelo. Su cara, como muerta, sin expresión alguna, de su boca entreabierta caía saliva y tenía los ojos deso...
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