El respirar dolía. Me
había lanzado contra la pared como si fuera tan liviana como una pluma. Estaba un
poco sorprendida. A primera vista parecía un gran muchacho y lo fue los
primeros meses, atento, amoroso, muy interesado en conocerme y escucharme. Nuestra
primera cita fue de ensueño, fuimos a cenar a un restaurante a la orilla del mar
y terminamos mojándonos los pies en el agua. Allí, bajo la luna llena, su
perfil era espectacular, su sonrisa se magnificaba y sus ojos, azules como el
mismo cielo, me miraban directo al alma.
Pero imaginar que
esos hermosos ojos azules ahora me miraban convertido en un pulpo de dos metros.
Sí, se como suena. Pero es la vista que tengo frente a mí en este momento. Ocho
largos tentáculos habían nacido de su espalda y levantaban su cuerpo varios centímetros
del suelo. Su cara, como muerta, sin expresión alguna, de su boca entreabierta
caía saliva y tenía los ojos desorbitados.
No recuerdo realmente
porque empezó la discusión, pensé que era algo inocente, un debate sin sentido
mientras cenábamos, el restaurante se había vaciado en segundos. ¿Por esto siempre
cenábamos cerca del mar? El había gritado furioso y luego ante mis perplejos
ojos vi como un par de tentáculos, que luego se dividieron, brotaron de su espalda,
con uno de ellos me arrojó como una basura contra la pared. El bote donde cenábamos
se tambaleaba de lado a lado.
Había perdido mis
zapatos y estaba acorralada en una esquina detrás de una mesa, temblando, un
hombre entró a la sala con un arpón entre las manos, ¿Qué intentaba lograr con
el arpón? No lo sé, tampoco fue mucho consuelo porque el pobre cocinero
regordete temblaba del pánico y al disparar apenas logró atravesar un tentáculo.
Un grito de dolor llenó el lugar y los tentáculos se hicieron más grandes elevándolo
aún más del suelo.
Su atención se alejó
de mi y sin pensarlo demasiado corrí a la primera salida que vi, estaba corriendo
por un costado del barco cuando una ventana se rompió en mil pedazos y un tentáculo
gigante salió enroscándose en la superficie, haciéndolo doblar hacía un lado. Estaba
agarrada del barandal con fuerza y tras echarle un vistazo al agua, salté. Cuando
te ataca un pulpo gigante uno pensaría que deberías mantenerte lejos del agua,
pero no lo pensé demasiado, vi una salida rápida y la tomé.
El agua estaba helada
y se me metió en los oídos y la nariz, pero nadé como pude sin mirar atrás. Cuando
llegué a la orilla, vi otros cuerpos nadando en mi dirección y el boté yacía medio
hundido por unos tentáculos gigantes. Estaba para fotografiarlo o enmarcarlo en
una pintura de lo absurdo, el barco se iba perdiendo en las oscuras aguas bajo
una noche estrellada.
Me tiré sobre la
arena para ver el cielo y poder recuperar mi respiración normal, temblaba, del
frio, o del miedo, no estaba segura, pero cada parte de mi cuerpo titiritaba
sobre la arena húmeda mientras sentía la marea subir y tocar mis talones
descalzos. Escuché voces acercándose y unas sirenas de policía a lo lejos.
—No volveré a salir
con nadie de Tinder —anuncié para mí y después perdí la conciencia.
Doriany

Comentarios
Publicar un comentario