El Brutalista. Una película sobre arquitectura, y al mismo tiempo, una película sobre muchas otras cosas. Esto, es esencialmente, un ensayo sobre arquitectura, no una crítica a la película, es más, mientras más escribía menos tenía que ver con la película, que me pareció magnifica, pero fue el punto de partida para esto, entonces, esto, es en realidad, una critica a la arquitectura, a los arquitectos, también. Y miren, no me maten, capaz hablo desde la inexperiencia de una estudiante, pero sigue siendo una visión valida porque lo he visto en profesores y compañeros.
La película nos cuenta la vida del arquitecto Laszlo Toth, cuya trayectoria esta marcada por la tragedia, pero siempre estuvo guiada por la pasión, porque cada paso que dio fue siempre por el amor que sentía por la arquitectura, lo cual es magnífico, pero ¿Hasta dónde nos lleva ese amor? ¿Debe ser nuestra pasión nuestra brújula para movernos en la vida? Opino que sí, pero en un mundo tan complejo como en el que vivimos, parece ser que la pasión es mas bien la rama secundaria de nuestras vidas y debemos ocuparnos primero de otros asuntos, así lo vivió el personaje, hasta que la oportunidad de su vida llego, construyo la obra de su vida, le tomo años verla realizada y casi le cuesta todo, una y otra, y otra vez.
Mi critica en sí, es al ego, al ego del arquitecto, en más de una ocasión vemos como Laszlo antepone su idea, su criterio, su ego, ante todo, con el fin de defender una idea, y es espectacular el luchar por tus ideas y defenderlas a capa y espada con el fin de verla realizada como la soñamos, pero, en la arquitectura, ¿Dónde se marca el limite entre nuestros deseos y las necesidades de las personas para las que diseñamos?
Porque este es el meollo del asunto con la historia del brutalista para mí, muy aparte del viaje personal del personaje que habría que dedicarle otro post, pero el asunto es, esto es algo que ocurre mucho en la arquitectura, el personaje de Laszlo Toth diseñó un centro para una comunidad en Filadelfia, basándose en sus experiencias en un campo de concentración y eso es absolutamente poderoso, lo hace como una forma de procesar el trauma, pero cuanto de ello responde a lo que las personas necesitan, ¿Una comunidad con una falta de espacios culturales y de esparcimientos necesita una obra de arte que representa la claustrofobia de estar en un campo de concentración? Y es que aquí hablo netamente de funcionalidad, puedes diseñar una obra de arte, pero ¿Esa obra de arte responde a lo que necesitan las personas?
Cambiemos la pregunta, como arquitectos, ¿diseñamos para la gente o para nosotros? ¿Hasta que punto podemos poner nuestra esencia en un diseño sin dejar de lado las necesidades de las personas para las que diseñamos? Porque por mas que lo queramos, el significado de lo que diseñamos se lo dan las personas que habiten en ello, por mas que nos ensañemos en decir que eso que diseñé tenía la intención de evocar alguna sensación en especifico y lo pongamos en papel, lo tallemos en piedra en el monte mas alto, si para los consumidores se siente diferente, con el tiempo esa opinión va a permear más que nuestra intención, quizás entre arquitectos, conocedores podemos saber el origen, pero, ¿Y, quien lo habita? ¿Su percepción no resulta más valiosa que un montón de criterios pretenciosos al ser nada más y nada menos que quien vive entre las paredes de nuestras ideas?
Podemos plasmar nuestra esencia y nuestro estilo sin dejar de lado el hecho que las obras no son nuestras obras, son las obras de la gente y el valor de lo que diseñamos se lo da la gente, no hay más vueltas para mí, porque una piedra es una piedra, una madera es una madera, un arco es un arco, pero el arco de la sala de mi casa donde he vivido mis 24 años de vida quizás es mas que solo un arco para mí. A donde trato de llegar, es que en general, el arte puede no significar nada o significar algo en un principio, pero adquiere un valor intrínseco diferente cuando nosotros le damos ese valor, cuando lo relacionamos con esto que nos late en el pecho, con esto que nos da vueltas en la cabeza y de repente esa piedra ya no es solo una piedra y es mucho mas y de repente aquellos muebles de madera exudan la historia de una vida, de repente estar rodeada de arquitectura significativa no siempre tiene que ver con lo que se pensó el arquitecto.
El arquitecto puede ser un artista y diseñar una obra de arte, pero si esa obra de arte no la ve nadie y no la vive nadie, no la habita nadie, ¿sigue siendo una obra de arte? Y dejo otra pregunta al aire, Como arquitecto, ¿Se puede ser netamente artista o estamos anclados a responder a una función para que nuestros proyectos realmente sean validos? Con esto quizás contradigo todo lo que he escrito pero, la arquitectura se encuentra en un punto medio de las artes porque su influencia de ingeniería y las ciencias es gigante, por ello nuestras obras y trabajos siempre están permeados de mas que solo sentimientos y pasión, creo que es algo que muchas veces olvidamos como arquitectos, no respondemos solo al arte y al amor si no también a una función, siento que ya parezco un trompo dando vueltas sobre lo mismo pero es necesario socavar como este arte es tan complejo y aun hoy en día un poco incomprendido incluso por los mismos arquitectos, es necesario cuestionarnos esta profesión para poder crear mejor, eso con todo en este mundo, hay que cuestionarnos todo, creo que esa es mi conclusión, muy alejada de donde empecé esto, pero así somos.
Doriany


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