Hace unos días, creo que fue en Instagram leí un comentario, alguien preguntando para que servía la historia, si eso era el pasado y ya no importaba. Debo decir que me indigné un poco, siempre me ha gustado la historia, pero algo que me da dado la carrera de arquitectura es poder entenderla un poco mejor, porque cuando estudias historia de la arquitectura terminas aprendiendo muchísimo mas sobre la historia en general, porque en lo que respecta a la arquitectura, ella siempre ha estado atada al contexto, todo lo que se construyó tiene detrás una historia interconectada con lo que sucedía en las calles del mundo.
Por ello, he fácilmente podido entender que la historia
es identidad, el que no ve la identidad de su pueblo es porque no conoce su
historia, y como dice el dicho, el que no conoce su historia esta condenado a
repetirla, y es que no es solo eso, el no conocer y entender la historia ha
creado unos individuos apátridas de nacimiento, que no importa que vivan en su
tierra, no les importa, no son de aquí, pero tampoco son de allá porque hemo
crecido en un país quebrado y es todo lo que sabemos y ya no queremos formar
parte de lo roto, porque no podemos ver que este camino no es otro capitulo de
nuestra historia repitiéndose una y otra vez porque la gente no ha aprendido de
ella.
Si alguna vez te haz sentido en blanco comparándote con
otros lugares que tienen una cultura poderosa e imponente, pensando que la
nuestra no es así, diría que lo replanteemos, allí es donde es necesario mirar
hacia atrás, y empezar a buscar entre lo nuestro, lo que nos representa que se
ha perdido y hemos obligado a perderse, porque no somos México con su maravilla
celebración del día de los muertos, pero las cofradías de los diablos de Yare
siguen bailando aunque nadie los vea, porque no somos Argentina bailando Tango
pero ya nadie enseña a bailar Joropo en los colegios, nos hemos convertido en un país sin cultura pero solo porque hemos
hecho caso omiso de ella y hemos decidido que no valía la pena aprender lo que
nuestros ancestros tenían para decir.
Llamar a algo
nuestro siempre ha sido complejo, tenemos demasiados restos de muchas cosas y de
allí nació lo que hoy es nuestro pero no somos capaces de honrarlo y elevarlo,
al contrario, parece que lo enterramos y lo despreciamos porque la política nos
convirtió en un chiste, como nación nos convirtió en nómadas, en amenazas para algunos,
nos volvimos de todos lados y de ningún lado, incluso para los que estamos
dentro y es que incluso cuando hay algunos creando nuevas identidades partiendo
de lo que alguna vez fue nuestro hay gente que prefiere hacer caso omiso porque
nuestro producto se volvió inútil, poco atractivo, porque estamos rotos como nación
y lo roto no es rentable y optamos por seguir a cualquiera que no lleve nuestros colores porque
han manchado esos colores.
Mientras más crezco y mientras más conozco sobre mí misma,
más disfruto y abrazo de la identidad casi inexistente de las cosas nuestras,
que no sé muy bien donde están, pero que se sienten internamente y un día algo simplemente
hace clic, y tú puedes decir, ok de aquí soy, esto es mío y es nuestro y aquí me
quiero quedar y eso no es necesariamente un lugar físico, puede ser una canción,
una película, un libro, una empanada, que se yo, pero empezar a disfrutar lo
nuestro hoy, es una forma de honrar lo que algún día fue nuestro pero ya no
existe porque eso que esta hoy es el vestigio y la sombra de aquello y es
nuestro deber seguirlo llevando, incluso cuando ha mutado gigantemente, pero es
necesario seguirlo moviendo hacia adelante para no volvernos unos seres transparentes
y planos, tenemos que anhelar ser tridimensionales, coloridos, complejos,
amando esos recovecos que vamos encontrando por allí.
La tecnología nos conectó con el resto del mundo, pero
nos desconectó de nuestra propia tierra y el resentimiento político nos
convirtió en apáticos, egocéntricos y separatistas donde si no es como yo lo
digo el resto está mal y lo que es hoy es lo que existe y eso es suficiente,
cuando hay un mundo de vidas por explorar y entender detrás de nosotros que
deberían ser la pauta de lo que no deberíamos repetir y lo que deberíamos
mantener, pero parece que lo invertimos.
Siempre he hablado sobre como desde hace mucho hemos ido
perdiendo la cultura porque la gente no lee y no quiere aprender, además de que
hay un problema sistemático con la educación, y en ese problema existe una
grieta gigante con nuestra historia, parece que la historia contemporánea se ha
llevado toda la atención y hemos olvidado el mirar para atrás para entender
como funcionaron los engranajes de la maquina bien aceitada que alguna vez
fuimos, y aquí estoy hablando de mi país, pero esto aplica en general, en el
mundo, lo que sucedió antes moldeó nuestras sociedades y creo una línea por la
que hemos estado caminando como humanidad y es que incluso, como seres humanos,
conocer nuestra historia personal crea en nosotros una esencia y en muchos
casos nos muestra un atisbo de nuestro futuro, debemos aprender a romper nuestros
patrones negativos mientras honramos nuestra historia y enaltecemos aquello que
nos hace quienes somos y a todo aquello que ayudo a levantar o derrumbar los
muros de las ciudades por la que caminamos hoy en día.
La historia es necesaria, es parte de nuestro ADN humano,
de nuestro ADN simbólico en las sociedades y es absolutamente imperante que
conozcamos de ella, para hablar con propiedad sobre el futuro debemos pararnos
sobre unas bases sólidas, que no sería posible crear si no damos un vistazo a los
que vinieron e hicieron primero que nosotros. La historia es identidad, la
historia es conocimiento, la historia es poder.
¿Qué es algo que te hace decir, de aquí soy?
Doriany
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